*Deben ser no-tóxicos y permanecer limpios y conservados, es decir, en adecuadas
condiciones higiénicas y en buen estado (que no se encuentren rotos, abollados o
astillados), lo que evita generar riesgo para los niños y las niñas.
• Deben ser de fácil manipulación, para favorecer la exploración y el juego.
• Deben ser variados –materiales estructurados (rompecabezas, muñecas, pelotas, etc.) y no
estructurados (cajas, telas, arena, embudos, etc.) –, de manera que ofrezcan a los niños y
las niñas diversas posibilidades de uso y transformación. Asimismo, pueden responder a
su contexto, promover la diversidad cultural y ser amigables con el ambiente, considerando
sean materiales reciclados, reusados y ecológicos.
• Deben estar organizados en contenedores –como canastas, cajas, bateas o latas– y ubicados
en el suelo o en estantes al alcance de los niños y las niñas. Esto permite que los puedan
usar, transportar, sacar y guardar con facilidad, de acuerdo con sus intereses, y que así se
favorezca su autonomía.
• Deben ser pertinentes a las características madurativas de los niños y las niñas. Por
ejemplo, con niños menores de 3 años, que están en una etapa de exploración con la boca,
es recomendable ofrecerles piezas que puedan manipular con facilidad, pero que no sean
muy pequeñas, ya que podrían atragantarse.
• Deben ser suficientes con relación a la cantidad de niños.
miércoles, 11 de septiembre de 2019
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